Trabajar con documentos: El conocimiento

El desarrollo cognitivo es uno de los aspectos clave de los procesos educativos. Este desarrollo se produce a través del acceso a documentos que recogen el estado actual del conocimiento humano y la generación de nuevo conocimiento. El conocimiento se transmitió inicialmente a través de la oralidad y posteriormente mediante la escritura, de modo relevante mediante los libros y la imprenta. Hoy existen dos nuevos soportes que dan lugar a otros tipos de conocimiento: el audiovisual y el multimedia. Utilizar las computadoras para trabajar con la información y el conocimiento es hoy tan imprescindible como fue hace un siglo recurrir a los libros. Pero, además, la tecnología ha generado un cambio apreciable en nuestras vidas: la facilidad para comunicarse y para archivar o recuperar información se ha traducido en un crecimiento de ella, como nunca antes había sido posible. El ser humano hoy, simplemente, no puede ni poseer una parte apenas relevante de la información, ni tan solo tenerla actualizada sin acudir a un proceso de formación continua, lo que se ha dado en llamar Life Long Learning o aprendizaje a lo largo de la vida. Esa formación no puede ser asumida en modo tradicional por ningún estado, gobierno o empresa. Solo la competencia para autorregular el aprendizaje permitirá a la población futura cubrir sus necesidades de formación continuada. Por ello, es todavía más urgente en la escuela que los alumnos desarrollen las destrezas necesarias para trabajar con esa información.

Una tecnología clásica: los libros 




Los libros Durante años la humanidad ha tratado de registrar la información a través de diferentes soportes: piedras, ladrillos, papiros, papel. Estos se han sucedido en una evolución que no ha seguido criterios tecnológicos sino económicos; es decir, no hemos evolucionado a soportes más resistentes sino más “baratos”. Palabras (y luego imá- genes) han quedado registradas para la posteridad, transmitiendo el conocimiento más allá de lo que la vida de una persona permitía. Hoy estamos muy acostumbrados a los libros impresos, un modo de conservar la información relativamente reciente, aunque sus orí- genes son lejanos. No es muy conocido que Gutenberg no inventó la imprenta; los tipos móviles de madera fueron utilizados y olvidados por los chinos años antes de Cristo. Lo que hizo Gutenberg fue encontrar la tecnología adecuada (los tipos metálicos), en el momento adecuado: existía una demanda de libros que las técnicas al uso no podían satisfacer, no había oposición por parte de la autoridad (la autoridad de Roma estaba cayendo) y solo necesitaba una tecnología. Gutenberg tuvo lo que no tuvieron los chinos: la tecnología, la demanda y la autorización. Hoy los libros se enfrentan a los mismos retos y, como los papiros en su tiempo, es posible que desaparezcan en un plazo no muy lejano. O que queden como objeto cultural, sometido a la protección de los mecenas o los gobiernos, para ser exhibidos... y admirados. Pero no para ser leídos. Hay motivos económicos: el papel cada vez más caro, el espacio cada vez más necesario y los costos de distribución de objetos físicos son más altos que los costos de distribución de la información digital. Por supuesto, también hay motivos de supervivencia de la especie humana, medioambientales: la deforestación y el cambio climático. Y hay también una nueva tecnología, el libro electrónico, que trata de la conservación y distribución de la información a través de sistemas computarizados de diferente complejidad, incluidos sistemas autónomos o Internet. Es una tecnología que, en ocasiones, sustituye, en ocasiones mejora a los libros, y que, en otras, todavía no es capaz de igualarlos. La dependencia de una fuente de energía y la resolución (definición) de pantalla son dos de los mayores obstáculos




Libro digital

Cuando se habla de libro digital, no siempre se distingue entre estos tres conceptos: El soporte digital Un libro en formato PDF y “colgado” en Internet, solo difiere de un libro en papel en que el texto se guarda en forma de bits. Incluso, es posible que para ser leído alguien lo imprima en papel previamente. También un libro en un eBook (dispositivo para leer libros electrónicos) está en soporte digital y, aunque es leído a través del papel electrónico, no se diferencia del libro tradicional más que en pequeños detalles (el modo de pasar la página, por ejemplo), que el usuario normal apenas percibe. El diseño/ contenido digital Un diseño digital es aquel que escapa a los contenidos propios del papel y aprovecha las posibilidades del medio. Hay dos ejemplos claros: los libros multimedia (quizás incluyendo aquí o no los audiovisuales) y los hipertextos. En el primer caso, no es posible encontrar sus componentes (animación sonido, video, interacción) en un libro en papel. En el segundo, la organización de la información (hipertextual, mediante nodos enlazados) tampoco se da en un libro en papel. El medio digital Es por excelencia la Web, en la que podemos movernos entre todos los documentos digitales. El gran hipertexto, la “gran telaraña del mundo” (World Wide Web) que reúne todos los contenidos, textuales o multimediales, producidos y conservados por el hombre
El libro digital ha revolucionado por sus ventajas 
a comparación con los libros de papel

Los profesores suelen aceptar sin problemas el soporte digital. Supone un ahorro en muchos casos e, incluso, facilita acciones de innovación pedagógica; por ejemplo, proponer varios textos al estudiante para que compare, o plantearle búsquedas valorativas y críticas de información. Son numerosos los profesores que colocan materiales en la red. Algunos los llaman “libros digitales” y lo son, aunque en un nivel muy pobre. Los profesores no aceptan tan fácilmente el segundo nivel. Los documentos digitales (referidos al contenido y diseño) no se caracterizan únicamente por incluir contenidos multimedia (eso es aceptable), o por la estructura hipertextual (eso es menos fácil de aceptar) sino, también, por su carácter dinámico (cambia en el tiempo) y participativo (autoría social con el concepto de inteligencia colectiva), lo que se opone frontalmente a la noción de conocimiento que adoptan la mayoría de docentes. Anclados en un concepto de conocimiento como algo estable, fijo, que se conserva en el tiempo y es producto de autores claramente identificables, muchos acadé- micos chocan frontalmente con el libro digital cuando va más allá del contenido exótico (incluir una animación) o el diseño singular (colocando enlaces). Respecto al tercer nivel, solo es aceptado parcialmente en tanto repositorio de documentos informáticos, pero no en cuanto significa crear un espacio único de conocimiento, en el que se producen los aprendizajes mediante redes y que tiene un cierto aire de alternativa al modelo escolar en uso. Recuerde en este punto el apartado sobre aprendizaje en red y conectivismo. Y volviendo a los libros impresos, estos probablemente pervivirán como objeto artístico y cultural. Pero ¿pervivirán los libros electrónicos? ¿Serán sustituidos por el audiovisual?





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